sábado, 19 de marzo de 2016

¿EXISTE UN NUEVO MODELO DE ORGANIZACIÓN PARTIDISTA EN ALGUNAS FORMACIONES?
Las crisis económica e institucional, entre otras causas, han dado lugar al apogeo de una forma más abierta y transparante en lo que se refiere al funcionamiento interno de algunas organizaciones partidistas. Así, a aquellas que por su intrínseco posmaterialismo ya se caracterizaban por estos rasgos -ecologistas y liberales/libertarios- se les han sumado la 'vieja' izquierda alternativa (BNG o IU) y la 'nueva', de reciente aparición, representada, por ejemplo, por Podemos, Equo o Anova-IN.
Esta nueva tipología, que aún no ha sido bautizada, se suma a las ya habidas en distintas fases históricas -partido de notables, de masas y 'catch-all'- y convive cronológica y espacialmente con la última. Se caracteriza por la tenencia en su discurso de la búsqueda de un elevado grado de calidad democrática interna en estas formaciones, en contraposición a la 'vieja política', por un lado; y, por otro, por la posesión en la práctica, en mayor o menor medida, de estos mismos rasgos.
En este sentido, sus exponentes son: elección asamblearia de los líderes, consulta frecuente a las bases sobre temas de notable importancia, cooperación con otras fuerzas políticas próximas ideológicamente, participación de los no afiliados, crítica a los presuntos abusos y privilegios de los 'viejos' partidos y de poderosos grupos de presión, transparencia financiera, intolerancia frente a la corrupción y aprovechamiento de las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías. A estos elementos, en el caso 'indignado' podemos sumarle la difuminación ideológica. Por su parte, la izquierda alternativa 'clásica' y la 'nueva' abiertamente socialista omiten, en general, la crítica a los sindicatos.
No obstante, estos rasgos se combinan en cierta medida (más en el caso de las organizaciones partidistas cuya antigüedad es mayor) con algunos de los propios del partido profesional-electoral o 'catch-all', tales como -de acuerdo con el politólogo Josep Maria Vallès-: existencia de políticos profesionales, financiación pública, problemas de liderazgo e influencia de ciertos grupos de interés.
¿Qué factores han dado lugar al auge de esta nueva tipología de organización partidista que preconiza una mayor democracia y transparencia interna? En primer lugar, se sitúa el descrédito hacia los partidos políticos por parte de la ciudadanía -situados normalmente en los últimos puestos en diferentes encuestas de valoración de instituciones-, acentuado con la aparición de numerosos casos de corrupción o con las dificultades de estos para resolver la crisis económica. Aunque en estos sondeos la cuestión se suele formular sin hacer distinción entre partidos, la mayor parte de la gente establece una asociación entre partido 'tradicional' y mal funcionamiento de estos o con los los problemas del país.
En segundo término, a raíz de la situación económica e institucional -como antes explicábamos-, el interés de los jóvenes por la política subió 14 puntos (hasta el 41%) entre 2008 y 2015, de acuerdo con el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud; y según el CIS (septiembre de 2013), la afiliación a los partidos ha aumentado en esta década, ya sea por motivos utilitaristas o de canalización de la indignación. Si tomamos en consideración este segundo elemento y el relacionado con la juventud española, observamos un creciente interés de la ciudadanía por esta actividad. De esta forma, determinados segmentos demográficos, considerablemente críticos, ven en estas nuevas formas de hacer política una oportunidad de cambiar el actual contexto social, institucional y económico. Consecuentemente, los partidos han detectado la existencia de una importante masa 'indignada' y los más afines a esta lo han sabido o intentado aprovechar con mayor o menor suerte.
En tercer lugar, el apogeo de las TIC se ha traducido en una mayor recepción de información por parte de la ciudadanía, así como de reducción de la distancia entre militantes y personas ajenas a la participación política, en nuevas posibilidades de participación o en mayores oportunidades de conocimiento de las propuestas programáticas.
En cuarto término, el porcentaje de personas ajenas o con escasa influencia de la cultura política franquista es cada vez mayor. Así, los nacidos vivos después de 1975 eran en 2015 (con 40 ó menos años), según Population Pyramids of the World, el 23% de la población; cifra aún escasa, pero suficiente para influir en la formación de un cambio político-estructural. Además, el nivel académico de los jóvenes españoles es el más alto de la historia, según Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas), al alcanzar el porcentaje del 37% de titulados universitarios en 2014. En consecuencia, se presupone un mayor espíritu crítico, así como la búsqueda de nuevas formas de hacer política, deseada por numerosos jóvenes, así como por ciudadanos pertenecientes a otros tramos demográficos, por otra parte.

Finalmente y en vista de los últimos resultados electorales, los partidos de electores todavía siguen siendo dominantes, pero su cohabitación con las organizaciones que presentan este modelo regeneracionista puede que sea cada vez mayor. Asimismo, no resultará extraño que estas organizaciones adopten cada vez más elementos de la 'nueva política', más por razones de supervivencia que de convencimiento.

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